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Carlos Rinke, el Numeral de Hierro

Falleció a los 70 años el comodoro retirado que, con apenas 26, voló seis misiones de combate contra la flota británica en Malvinas y regresó de todas. Lo despedimos con gratitud.

carlos rinke

Hay apodos que se heredan y otros que se ganan. El de Carlos Rinke se lo puso un camarada y lo confirmó la guerra: el Numeral de Hierro.

El comodoro retirado Carlos Alfredo Rinke murió en Córdoba, donde vivía con su familia; su fallecimiento se conoció el jueves 29 de octubre. Tenía 70 años y esperaba un trasplante de médula ósea. Veterano de la Guerra de Malvinas, integró el Grupo 5 de Caza de la Fuerza Aérea Argentina y voló los A-4B Skyhawk que dejaron su marca en la historia de la aviación militar argentina.

Seis veces frente a la flota británica

En 1982 era teniente y tenía 26 años. Su lugar en el combate era el del numeral: el piloto que acompaña al líder de la sección y le cubre la espalda. El suyo era el capitán Pablo Carballo, y fue él quien lo bautizó «Numeral de Hierro»: Rinke participó en todas las misiones que le tocaron y regresó de cada una. Su indicativo de combate era «Palo».

Cumplió seis salidas de combate, todas desde Río Gallegos, rumbo a una flota protegida por misiles y cañones. Los pilotos volaban a ras del mar, a unos 800 kilómetros por hora, para evitar los radares, y atacaban con bombas de caída libre. Cada aproximación exigía pericia, sangre fría y una confianza absoluta en el compañero que volaba al lado. Antes de despegar, rezaba el Rosario.

Entre aquellas salidas quedaron tres fechas que la historia de la guerra aérea no olvida:

  • 23 de mayo: participó en el ataque a la fragata HMS Antelope. Dos bombas argentinas la alcanzaron; ninguna explotó al impactar, pero una estalló durante las tareas británicas de desactivación y la fragata se hundió al día siguiente. En esa acción fue derribado su camarada del Grupo 5, el primer teniente Luciano Guadagnini, que no regresó.
  • 25 de mayo: junto a Carballo, atacó a la fragata HMS Broadsword, mientras otra sección argentina atacaba al destructor HMS Coventry, que se hundió ese mismo día. Los cuatro pilotos de ambas parejas regresaron. Una fotografía de aquella jornada los muestra, a bordo de sus A-4B, avanzando a escasos metros de las olas hacia el blanco.
  • 8 de junio: participó en el ataque argentino en Bahía Agradable contra los buques logísticos RFA Sir Galahad y RFA Sir Tristram: el primero se hundió y el segundo quedó dañado. Según su propio relato, aquel día otros cuatro A-4 despegaron después y tres de ellos fueron derribados por los Sea Harrier.

Un héroe que repartía el mérito

Terminada la guerra, Rinke continuó más de tres décadas en la Fuerza Aérea. Se había formado en la Escuela de Aviación Militar y se retiró con el grado de comodoro. En sus testimonios destacaba a quienes sostenían la operación desde tierra: los mecánicos que trabajaban toda la noche para reparar los aviones y que eran los últimos en saludarlos, con una palmada, antes de subir a la cabina. El piloto, decía, era apenas la punta de una larga cadena.

Tampoco ocultaba lo que la guerra deja en quienes la atraviesan. De sus compañeros caídos decía: «No se puede salir de ahí. Es un pacto de sangre». Salir con un camarada y volver sin él, agregaba, es algo que no se olvida. Y pedía dar testimonio de lo que hizo su grupo, para que tanto sacrificio no hubiera sido en vano.

Eso fue, en el fondo, su manera de querer a la patria: sin estridencias ni discursos, volviendo a la cabina seis veces en defensa de la soberanía argentina sobre las islas, con la fe en el Rosario y el deber como única bandera.

Esa fe lo acompañó toda la vida. Fue ministro extraordinario de la Eucaristía y, a los 68 años, recorrió a pie los 743 kilómetros del Camino Francés hasta Santiago de Compostela: quería comprobar, según contó, que seguía vivo y que todavía podía hacer cosas que lo desafiaran.

Deja a su esposa, cinco hijos y doce nietos.

Desde Faro de Occidente, gracias, comodoro, por el coraje de aquellos días, por el amor a la patria que honró con hechos y por recordar que detrás de cada hazaña hubo compañeros, sacrificios y vidas que merecen ser recordadas. Que descanse en paz el Numeral de Hierro.